A Emilio siempre le gustaron mucho los animales. De chico su favorita era la Gretita, una chihuahueña que llegó a la casa cuando era muy pequeña. Cuando pasé unos años trabajando en el Banco de México, Emilio me regaló una simpatiquísima gatita negro con blanco, a la que le pusimos Ágata. Greta y Ágata acabarían por convertirse en buenas amigas. Greta enseñó a Ágata como llevarse bien con los perros. Emilio nunca dejó de interesarse por el bienestar de los animales y las difíciles preguntas éticas que rodean la relación entre el ser humano y los animales. Él afirmaba la dignidad de los seres vivos y nuestro deber de tratarlos con respeto y consideración.
Alfredo.



Si los recuerdo Tía
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