Emilio: una de las historias más bellas que tengo de ti, es la vez que planeábamos recibir el 2010 en el puerto de Veracruz. La idea era irnos comenzando el mes de enero, sin embargo, platicando la noche del 30 de diciembre de 2009 pensamos -¿y si nos vamos mañana de una vez? ¡Y nos fuimos en pleno 31! Empacamos de manera exprés, tomamos a Santi bebecito con todos sus complementos y nos lanzamos a la aventura. El camino fue pesado por la fecha y salimos ya algo tarde de la casa, por lo que nos dio la media noche justo al entrar al puerto: ¡Bienvenidos a Veracruz! Se leía de fondo mientras sonaban las doce campanadas en el radio. Gritamos de emoción y nos felicitamos. Todo salió tan perfecto, tan sincronizado y tan preciso que fue mágico. Más adelante nos dirigimos a la primera playa más cercana y estacionamos en la arena, junto a varios carros y familias que también ahí festejaban, escuchaban música y veían los fuegos artificiales. Contemplamos el mar de noche un rato y bajamos a Santiaguito bebé el cual dormía plácidamente en su sillita, quien al parecer no se enteró mucho de la hazaña. Después fuimos a descansar a casa de mis papás y mi familia nos alcanzó unos días después para completar unas hermosas vacaciones. A veces, los mejores momentos son los que no se planean.
Este año lo inicié también recibiendo el año nuevo en el Puerto, por azares del destino y sin planearlo, junto a mis tres hijos. En el Malecón y entre el fandango de los grupos musicales, la algarabía y los fuegos artificiales, no pude evitar recordarte, y pensar en ese día. Se que estuviste con nosotros también en esta ocasión porque todos sentimos tu presencia y supimos que estabas contento: ¡44 abrazos hasta el cielo y feliz cumpleaños mi querido! De Mary.


