Hoy quiero recordar con cariño a un joven muy especial para quienes tuvimos la dicha de conocerlo. La primera vez que lo vi fue siendo apenas un jovencito, en un restaurante, acompañado de su querida mamá.
Más tarde, coincidimos en el bautizo de mi hija mayor y unos años después, lo vi nuevamente en unos XV años; siempre lo recuerdo al lado de ella, su mami, que lo ama y admira profundamente, y en aquella ocasión también junto a la mamá de sus dos hijos, pero aún eran novios.
Era inteligente, guapo, con una mirada que reflejaba curiosidad y un pensamiento profundo. Admiré su manera de abordar la filosofía, la claridad con la que compartía sus ideas y la fuerza de sus escritos. Tenía una forma única de ver el mundo, y eso lo hacía especial.
Hoy no está físicamente, pero vive en la memoria de quienes lo conocimos y en cada gesto, palabra y mirada de su madre, que lo lleva presente en su corazón. A través de ella, él sigue aquí.
Con cariño, Mary Carmen.
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