Ayer fuimos a
un velorio, el de la mamá de mi amiga Diana.
En esa atmósfera triste, impregnada del dolor de una pérdida, reviví el
mío propio.
¿Sabes, hijo? Quedé con muchas molestias, la primera es tu
adiós sin aviso, sin explicación. La
segunda, las circunstancias, sigo molesta por ellas. Reaparecieron en mí los sentimientos dañinos
que he aplastado, pero reconozco que no se eliminaron.
¿Qué hubiera preferido? Que permanecieras
con nosotros. Sé que esto es imposible.
Bueno, tal y como fue todo, ¿qué hubiera sido
lo correcto? Que Marlon se fuera y que al llegar yo, fuese yo quien te encontrara,
que yo fuese la primera en saber de tu ausencia definitiva y no la última. Eso lo expresé porque al llegar a la casa, la
señora que me recibió afuera me dio la noticia de tu fallecimiento y al entrar
a nuestro domicilio, el tuyo y mío,, me encontré con un policía armado que
custodiaba la escalera, impidiendo que yo te viera y me despidiese de ti en
nuestra propia casa.
¿Qué más pasó? Resulta que Marlon se comunicó con Marcela, y
me pregunto si acaso mi prima tenía el derecho de enterarse de la tragedia
antes que yo, y hasta las de Juárez. Yo
soy tu mamá y tan sólo por eso, yo debí ser la primera en saberlo y si no iba a
ser así, si Marlon estaba asustado, debió huir
. La verdad, sigo encabronada y no contigo,
hijo, sino con las decisiones que tomaron Bety y Marlon que, a final de cuentas, lo que debieron
hacer fue irse y dejarme a mí resolver el curso de lo que se haría.
El rencor, la falta de comprensión sobre el
actuar de los demás, la ira contenida, el dolor reprimido, el desconcierto, la
incertidumbre y todos los pensamientos y sentimientos se entremezclan, se
reavivan y me hacen sentir confundida. ¿Por
qué razón tuvieron que ser así las cosas?
Si te iba a perder, tenía el derecho de estar contigo para despedirme y
no depender de la decisión de otros, extraños que no pertenecen a nuestros
aprecios, como ese policía prepotente que, envalentonado por el arma y con un
total desprecio, me impidió subir.
También me recrimino no haber dicho a Marlon que tu habitación olía mal
y todo por considerarlo, yo que no fui considerada por él minutos después de
haber salido al pago.
Esa
tarde fue la peor de mi vida, entre el desaliento y el dolor de tu partida y la
falta de comprensión del actuar de las personas, yo estaba en medio de todo,
sintiéndome sola, traicionada, abandonada y, sobre todo, muy enojada con la
vida.
He intentado abrazarme al estoicismo, me
obligo a encontrarle sentido a la vida, disfrto de mis mascotas pero el rencor
no desaparece.
¿Sabes, querido hijo? Nos colocaste en una
situación vulnerable, fuimos objeto de la decisión de otros.