No fueron días y días, pero siempre hubo algo valioso.
Un autor, una biblioteca escondida, una idea que abría otra.
A veces salíamos y parecía que no pasaba mucho,
pero algo se quedaba.
Como aquella vez en CU, que preferí pizza al partido
y terminamos caminando su facultad de filosofía
como si estuviéramos dentro de un libro abierto.
Él sabía mirar el mundo como quien ve despegar aviones:
con pausa, con preguntas, con asombro.
Y esa mirada, me la dejó.
Por eso, celebro su vida con esta canción,
porque con la plática correcta,
hasta ver un avión despegar
se volvía eterno.
Atentamente, Emiliano.
Qué hermoso mi niño, muchas gracias y sé que le dan gusto tus palabras.
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